sábado, septiembre 25, 2021

PEQUEÑECES URBANAS 4

Va uno andando por ahí y de repente los muros lo ponen a pensar. Avenida de Los Industriales, cuadras más allá de la estación del metro y en diagonal al edificio del banco más grande del país, ese que dice poner el alma y que si uno se pone a pensar lo que hace es helar el alma. Un afiche o un grafiti, una pintada con bonito diseño, habla de la gente de bien, de la lucha popular, de entender o no entender, de complicidades, de la indiferencia y la tibieza... Son tiempos convulsos (una convulsión coyuntural dentro de una coyuntura convulsa mayor, que es nuestra Historia) y asistimos a los desmanes de un gobierno a la vez corrupto, cínico, inepto, idiota, malvado: todas las virtudes que han marcado siempre a nuestros gobiernos, pero potenciadas de una manera que provoca terror. Unos protestan, otros reprimen, unos, otros, y lo único cierto es que todos mienten. Se pregunta uno si no habría que ser gente de bien y la respuesta inmediata es que en el actual momento autodenominarse de esa manera equivale a legitimar lo atroz. ¿Con qué línea alinearse? Se pregunta uno si alguna es lo bastante honesta -aun si está un poco errada- para que sea válido mirar hacia allá y apoyar. No: ni la gente de bien ni la otra gente, ni los tibios ni los nadie. Hay que seguir caminando.




viernes, septiembre 24, 2021

PEQUEÑECES URBANAS 3

Cuando tumbaron los muros internos de la casa para emprender la construcción de uno de esos edificios de tres, cuatro, cinco y hasta seis plantas de los que se está llenando Medellín y que en realidad son feas casas apiñadas encima de otras, le pegaron unos cuantos machetazos en el tronco y el que era un bonito árbol se fue entre los escombros al basurero de por allá lejos. La obra avanzó con tanta lentitud que dio tiempo para que la vida mostrara su tenacidad. Hojas empezaron a salir del tronco mutilado, ramas ofrecieron un perenne canto al sol y a las nubes. Este era el episodio feliz de la tragedia. Meses y años pasaron. El edificio se alzó con toda su fealdad y altanería. Esta semana empezaron las obras de ornato. La primera consistió en arrancar de raíz lo que había resurgido. Una cerca y un piso de cemento adornan ahora el encuentro del edificio con esta calle del barrio San Pablo donde el resto de las casas presiente el final como una mezcla de mal gusto y supresión de la vida.




jueves, septiembre 23, 2021

PEQUEÑECES URBANAS 2



La Luna, a punto de llenar, surgió hace horas de un agujero en las montañas de Medellín. Salimos a caminar, a visitar a Evaristo -así lo bautizó él-, el legendario algarrobo que hace unos 131 años habita lo que hoy se denomina parque de San Pablo. En alguna parte leímos que fue sembrado en 1890. En 2012 la administración municipal lo rodeó con unos pesados soportes de metal adosados al tronco; sospechamos que primero caerán los soportes, bastante herrumbrados ya, que el altivo árbol. Llegamos desde el costado occidental del parque a la hora precisa, las siete pasadas, para que la Luna esté en el punto exacto que hace que desde nuestra perspectiva todo encaje: la luz que envía el Sol choca en el satélite y rebota a nuestros ojos a través de un agujero entre las ramas. Cuántas leyendas han surgido así desde que los humanos empezamos a maravillarnos y a aterrorizarnos con los fenómenos del mundo. Algún nuevo mito se me ocurre. Mientras tanto, caminamos con la Luna enredándose en las ramas y nos sentamos a conversar debajo del árbol. Avanzan la noche y la Historia.

Eternidad de los gatos

A Florentino, en el primer día de su perenne ausencia     Los gatos navegan el tiempo como las madres antiguas                ...